Es asombroso el despliegue mediático que ha generado el indicio de posible vida en Venus. Debe ser que la gente mira hacia el cielo buscando vida, porque acaso ahora duda sobre la posibilidad de que persista aquí en la Tierra.
En realidad, la imaginación humana siempre ha vinculado los planetas a las epidemias (es decir, a las “pestilencias“). Al fin y al cabo, la peste parecía llegar hasta los hombres por el aire, de la misma forma invisible y misteriosa que llegaba a ellos la acción de los astros. A la gripe se la llamaba originalmente “influenza“, en alusión a su naturaleza aparente de mefítico fluido. En inglés siguen llamando flu a esta afección de la que los humanos no acaban de librarse a lo largo de los siglos. No es de extrañar que esta especie de temible flu que es el Sars-Cov-2, también haga mirar a los mortales hacia el firmamento, en busca de explicaciones o esperanzas. En este sentido, el hallazgo de la profesora Silva-Sousa ha sido más que oportuno.
También tiene una misteriosa lógica que la noticia astronómica trate de Venus. Como escribí anteayer (un día antes, por cierto, de que se conociese la novedad de la fosfina en la nubes venusinas), Venus es el astro/deidad por antonomasia. Es a Venus al que, etimológicamente, se venera. Y es además el astro dual que representa la vida y la muerte al mismo tiempo. Muy apropiado que salte a la actualidad en estos tiempos de zozobra. Y de ambigüedad.
–¿Vida y muerte? Yo diría que Venus solo connota amor y fertilidad.
–No exactamente. Venus es siempre dual. Su antepasado en Mesopotamia, esto es, Ishtar o Astarté, ya tenía esa doble naturaleza. Es el calor que da la vida y las cenizas que deja de la guerra (Ishtar significa precisamente “la que se quema“, “la de las cenizas” (ish o ash, es cenizas en sánscrito, relacionado con la raíz protoindoeuropea “as“, quemar, brillar, y de aquí el inglés ash o el castellano ascua. Y ya es casualidad que Venus sea un planeta insoportablemente ardiente como bien sabemos. Ese nombre de Ishtar encaja con la tradición mesopotámica de donar al astro tortas cocidas en cenizas, las kamana tumri, que vienen a ser como las tortas de rescoldo que se cocían en la brasas de las lareiras gallegas).
Kamana tumri. Me voy a quedar con el nombrecito.
–Por otro lado, en la antigua Roma, a Venus se la caracteriza siempre con dos naturalezas contrapuestas, Vesper y Lucifer. Por cierto, en la Vulgata se traduce erróneamente el nombre de Helal, “el Hijo del Amanecer”, un príncipe babilonio enemigo de los israelitas, por “Lucifer” lo que convierte para siempre a Lucifer en otro de los nombres del Maligno.
–Eso ya me lo contaste otro día. Me alarman siempre tus incontables “por cierto“…
–Bueno. Señalemos al menos que Venus era la estrella de Julio César, fecundo y colonizador, pero también violento y guerrero. Su estrella era la Venus Victrix, la Venus vencedora, la madre del guerrero colonizador del Lacio, Eneas. Y fíjate en que, en cierta ocasión, allá por 1796, cuando la multitud se agrupó para escuchar un discurso de Bonaparte desde un balcón del Palacio de Luxemburgo, Venus resultaba visible incluso a plena luz del día, cosa que a veces ocurre, y el corso, ese rayo de la guerra y la propaganda, aprovechó astutamente la circunstancia astronómica para vincularla al éxito de su campaña de Italia. Ciertamente a Napoleón le encantaba que le adulasen llamándole hijo de Marte y Venus (ah, el amor y la guerra, siempre fatalmente interrelacionados, Ares y Afrodita abrazados y enredados en la red celestial de Hefaistos, esto es, enredados en las Pléyades, como a menudo nos muestra el cielo…).
–Pero, ¿por qué narices la mitología ve como algo dual a Venus? ¿Qué tiene de especial el planeta en ese sentido?
–La explicación es fácil. Venus es el astro que precede a la noche, el astro que llega al cielo en el momento mágico donde todo invita al encuentro de los cuerpos. Pero también es el astro de la mañana, cuando el placer sexual ya ha dejado paso a la desazón y acaso a la culpa, y solo cabe preparar las armas para la guerra.
–Pues sigo sin ver claro todas esas asociaciones. Te lo repito, no entiendo por qué en tantas mitologías, Venus tiene que ser un astro femenino.
–La clave es comprender que la relación de Venus con la femineidad tiene que ver con la fecundidad cíclica de la Tierra y con la humedad.
–¿?
–Sí. Fíjate en que el planeta Venus desciende a los infiernos cada noche, y parece resucitar cada mañana anunciando la llegada del Sol. Más aún: Venus desaparece completamente del cielo cada cierto tiempo. Y, como media lo hace durante tres días, lo que nos evoca la idea cristiana de la resurrección tras tres jornadas, algo que también encontramos en el mito griego de Perséfone y Demeter, la Madre Tierra. Es muy parecido lo que hallamos en el mito de Gilgamesh, el héroe mesopotámico que rescata de los infiernos a la Reina del Cielo (Venus), porque esa deidad femenina ha encontrado un gran árbol mágico arrancado de raíz por la inundación (de nuevo el agua), lo ha llevado a su palacio y ha cometido la transgresión de usar su madera para un trono, soslayando que una pérfida serpiente había hecho un nido en el tronco, lo que ocasiona su desgracia, su bajada a los infiernos y el necesario rescate por parte del héroe tras tres días en el inframundo (innecesario mencionar el eco bíblico de este episodio de la mitología de Mesopotamia).
–Uff. Me empiezo a liar con tanto mito cruzado. ¿Podrías resumirme el origen de la femineidad de Venus? Es algo que me interesa, la verdad.
–Lo repito. Es la idea de maternidad y de fertilidad. Venus es la estrella que anuncia siempre la llegada (y la salida) del sol fecundo. Su compañera inseparable en el cielo. También es la estrella de la humedad vivificante, esto es, del rocío, algo también claramente femenino y con connotaciones genitales (me viene necesariamente a la mente la Virgen del Rocío y su gran romería al amanecer). Es relevante que los ciclos de aparición y desaparición de Venus en el cielo, anunciaban a los antiguos astrónomos babilónicos la llegada de las ansiadas inundaciones, generalmente en Febrero/Marzo (recuerda lo que acabo de comentar sobre el árbol desgajado por la inundación y la serpiente perversa). También entre los sapientísimos astrónomos mayas y aztecas Venus se vinculaba a la temporada de lluvias, y con mucha más base científica de la que podríamos suponer, desde nuestra prepotencia como hombres modernos, incapaces de ver en los mitos astrológicos otra cosa que puras fabulaciones, siendo así que generalmente representan sutiles observaciones vinculadas al comportamiento del clima, a las cosechas y los fenómenos naturales en general.
–Ya. Interesante. Fertilidad, lluvia, humedad, femineidad…muy llamativo todo esto que cuentas de Venus. Por cierto ¿cómo dices que se llamaban esas tortas cocidas en cenizas que se ofrecían a Venus en Mesopotamia?
Kamana tumri. O tortas de rescoldo, si prefieres llamarlas así.
–Pues qué te parece si nos hacemos ahora algo parecido a unas kamana tumri de esas para desayunar.
–Perfecto. Pero en lugar de donárselas a Venus sugiero que nos las desayunemos. Estoy muerto de hambre.
–Por eso estás tan metafísico.

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