El fin de semana pasado, ay, se levantó la veda de caza, por lo que empezamos a oir disparos desde las seis y media de la mañana. Mao se inquietaba con el estruendo, que resonaba apenas a 200 metros de casa. Yo también me inquietaba. ¡Qué ruido tan feo el de las escopetas! No me gusta nada. Además, los conejos de la dehesa que los cazadores han empezado a masacrar, me son simpáticos. No hacen daño a nadie. Saltan por el camino al paso de mi bicicleta y me entretiene verlos refugiarse corriendo en sus madrigueras.
No deja de ser llamativo que la dichosa temporada de caza comience justo cuando el Cazador puede empezar a verse, al final de la madrugada, en el firmamento. Es otro ejemplo de lo que comenté el otro día respecto a la relación entre medida del tiempo y la contemplación del cielo. Sí. Es una fascinante sincronización: Orion empieza a dar la cara justo antes del alba de fines de agosto y los cazadores también comienzan a hacerlo. Orion levanta la veda.
Hay muchas más razones, además de esta, para mirar a Orion, cuando empieza a clarear, con asombro y perplejidad, además de con cierto fastidio.
Por ejemplo, es muy notable que en muchas culturas la constelación de Orion esté vinculada con seres grandotes o poderosos, transgresores casi siempre, y a menudo acosadores de mujeres. Esta personalidad un tanto brutal y antisocial del personaje estelar la encontramos en la mitología griega, desde luego, pero también entre los indios Lakota o los aborígenes australianos. ¿Cuál puede ser la explicación?
Así, es. El Orion de la mitología griega podría pasar por el antecedente de todos los Weinstein del mundo. Pero es que no solo es el Orion griego; también para los indios caribes de las Antillas esa constelación reflejaba el mito del semidiós Maipuiyuman, alias «el tapir», excepcionalmente dotado genitalmente como el animal que lo representa, y dedicado a conquistar esposas y romper matrimonios…
El Orion griego era un hijo de Poseidón y por ello podía caminar sobre las aguas (esto es coherente con el comportamiento de esta constelación en el cielo a lo largo del año, desde la perspectiva de un pueblo marinero, pues parece sumergirse en el mar en cierto momento del año y resurgir de nuevo más adelante). Por esa habilidad acuática, Orion llegó a la isla de Quios y allí, para empezar, violó a la princesa. Salió por pies y se refugió en Creta, donde se convirtió en afamado cazador. Pero a Gea/Gaya no le gustaba un tipejo que presumía de poder matar a cualquier criatura de la tierra, así que le endosó un escorpión que acabó con el muy fanfarrón. Esta forma de morir es muy coherente, porque la constelación de Escorpio está siempre en el lado totalmente opuesto al de Orion; se ve que intentó huir el grandullón antes de perecer a manos del escorpión de Gea. Por cierto que «el grandullón» es justamente como los astrónomos árabes llamaban a la constelación de Orion (Al Jabbar). Otra coindicencia.
También es muy notable coincidencia que en diferentes culturas Orion esté vinculado al fuego que se entrega a los hombres para civilizarlos, en un mito que recuerda al titán Prometeo de los antiguos griegos. Encontramos esta idea en el mito de los dos hijos del emperador chino Ku (Ebo y Shichen) vinculados a a la cintura de Orion y a Antares, que además de guerrear entre ellos durante toda la eternidad, se encargaron de llevar el fuego a los humanos, precisamente con una argucia muy parecida a la de Prometeo, esto es, con una pequeña ramita seca que sacaron subrepticiamente del mundo de los dioses. Pero no es solo la mitología china la que vincula Orion al fuego civilizador. También existe esta conexión entre los mayas y, sobre todo, entre los aztecas, gran pueblo de astrónomos, que llamaban a la cintura de Orión «Mamalhuaztli», es decir, el bastoncillo enciendefuegos. Cada ciclo de 52 años, los aztecas realizaban una gran ceremonia de renovación encendiendo con bastoncillos unos fuego sagrado, y declarando los sacerdotes que el mundo no se acabaría todavía, pese a los rumores, sino que comenzaba simplemente un nuevo ciclo…(¿alguien tiene un mamalhuaztli a mano, por favor?).
Orión y el fuego. Qué curiosa vinculación que trasciende fronteras y edades. Y lo más maravilloso es que la astronomía moderna nos enseña que en realidad, la constelación de Orión es una inmensa nebulosa de fuego que arde a decenas de miles de grados y genera nuevas estrellas y planetas.
Pues en todos estos asombros y perplejidades se va ocupando mi mente errabunda, mientras avanzo por el camino, de buena mañana, junto a Mao. No muy lejos, escuchamos el insoportable pum pum de todos estos oriones cuniculares. Se la están jugando con Gea. Como Orión. Que se anden con ojo.

Un comentario en “Oriones y Perplejidades.

  1. A mí tampoco me gusta nada el sonido de las escopetas ni de ningún arma en general.
    Si me despierto temprano intentaré localizar a Orión. Su dibujo me recuerda más a una cafetera echando humo que a un guerrerote de esos.
    Un saludo!

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