Dicen que estas noches tan cálidas están siendo tropicales. Yo prefiero llamarlas caniculares, es decir, noches perrunas.
Con esta alusión canina, evocamos, como es sabido, a la constelación Canis Majoris, cuya estrella más brillante, Sirio, se deja ver muy bien en el firmamento de estos días de Agosto. Por eso los romanos sacrificaban perros en estas fechas, para propiciar así a los dioses y que el calor no apretase tanto como para dañar algunos cultivos. Tal vez de esos sacrificios viene la expresión «días de perros«.
Sirio, por su parte, significa caliente o soleado en griego («seiros«). Es palabra que debe derivar de seir, que es como llamaban al sol los griegos tal vez usando un término derivado del verbo hebreo sereh, brillar.
En esta época ardiente, el cielo nocturno no solo nos muestra al Perro, sino a las famosas Perseidas, esos meteoros que parecen venir de la constelación de Perseo. La gente suele interesarse por verlas y es tradición formular un deseo cuando alguna surca el cielo. Esto también tiene miga etimológica y es una costumbre que sin duda, como tantas, se remonta a los tiempos de nuestros antepasados grecolatinos. Porque ocurre que la palabra «deseo«, etimológicamente, no significa otra cosa que aspirar a librarse del destino marcado por los dioses. No olvidemos que las estrellas no son sino otras formas de los dioses, tal como nos recuerda Ovidio: Astra tenent coelestes solum formaeque deorum.
Así pues: desear, de-siderar…no es sino el optimista intento del mortal por librarse de lo prescrito por la sidus, por la constelación (Sirio, por antonomasia), por los dioses.
Y es que para los antiguos, los dioses no eran benignos precisamente. Mas bien gustaban de jugar con los mortales y castigar su orgullo y su presunción. Eludir sus designios era lo «deseable«.
La noción de un dios todopoderoso y a la vez benevolente, resultaba incomprensible en la antigüedad clásica. O todopoderoso o benevolente. Pero no ambas cosas a la vez.
Es el cristianismo el que aporta esa dualidad de atributos del Ser Supremo que resulta tan difícil de comprender.
Muy difícil, la verdad, especialmente en días como los que está viviendo el mundo ahora.
Días indeseables. Días fatales. Días de perros, propiamente, dicho sea esto con todo respeto hacia la admirable raza canina.

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