El improbable prócer parece sentirse satisfecho de la oximorónica expresión “nueva normalidad”, y siempre, tras enunciarla en sus soporíferas alocuciones televisivas, le da por usar la tonta e innecesaria aposición de “como hemos dado en llamarla”.
Quizá desconoce el prócer que la expresión fue utilizada repetidamente en tiempos de la crisis económica mundial, del 2008, cuando toda clase de analistas, en el mundo anglosajón, repetían una y otra vez lo de “new normal” para referirse los tiempos financieros venideros.
A mí me indigna esa obsesión del prócer por repetir una y otra vez la bobada de la nueva normalidad, y sugerir, encima, como que es su personal invención.
Hablar de nueva normalidad es una forma saducea de presentar como normal lo que no debería considerarse normal de ningún modo, especialmente si tenemos en cuenta las víctimas y los desastres humanos generados hasta ahora por la pandemia y los que, por desgracia, aún quedan por llegar.
Hablar de nueva normalidad no solo es una forma ilegítima e interesada de blanquear o sanear el presente y el futuro inmediato, sino que es también un error desde el punto de vista de la psicología individual y colectiva. No es saludable cancelar con la idea de “normalidad” la conciencia del daño que hemos sufrido, y no conviene a la salud mental neutralizar o normalizar el pesar por el inmenso desastre.
Es erróneo y falaz pretender que todo es o va ser normal otra vez, aunque se añada el adjetivo de “nuevo”.
Pero hay más. Si la llamada “nueva normalidad” se refiere a la implementación de rigurosas medidas de profilaxis y distanciamiento social, hay que anotar que esas medidas solo serán aplicables para los segmentos sociales más privilegiados.
Es obvio que las capas mas pobres de la población no podrán adaptarse a esa presunta nueva normalidad…
Por ello, para quienes no están en la élite del mundo, incluyendo los adicionales 547 millones de seres humanos a los que la pandemia ha arrojado o arrojará de forma inminente a la pobreza, no cabe hablar de nueva normalidad.
Para ellos, y para los que ya estaban en la pobreza la nueva normalidad será exactamente igual que la vieja normalidad…solo que mucho peor.

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