Un amigo mío, generalmente bien informado, me dice que el gobierno norteamericano, encabezado por su rubicundo majadero, está considerando plantear una colosal demanda contra  China, por atribuir a ese país la eclosión y la expansión del Sars-Cov-2, de consecuencias humanas y económicas incalculables.

–Ya se librará mucho de hacerlo.Y no solo por razones de economía y geopolítica, ya que pondría al mundo a las puertas de un nuevo conflicto bélico mundial. Sino por razones estrictamente legales. 

–Explícate.

–Hoy se sabe a ciencia cierta que la gripe de 1918 se registró oficialmente por primera vez en Arkansas, en uno de aquellos gigantescos campamentos militares, como Camp Beauregard o Camp Bowie, en los que se adiestraban hasta 100.000 novatos, en preparación para el viaje a Europa en guerra.

–Bien. ¿Y qué? No me irás a decir que debe responder Estados Unidos por aquella pandemia de hace más de un siglo.

–Yo no afirmo eso. Pero el caso es que cuando en 1918 el grueso del ejército expedicionario norteamericano se disponía a embarcar para Europa, las autoridades políticas y militares conocían perfectamente el riesgo de que sus soldados exportasen al Viejo Continente el mortífero virus que se expandía desde el epicentro del MidWest. 

–¿Hay constancia de tal cosa?

–Consta que Woodrow Wilson, el Presidente USA, a mediados de 1918, consultó a su Jefe de Estado Mayor, Peyton C. March,  si, dada la enorme y mortal epidemia entre la tropa, convenía enviar soldados a Europa. El General Peyton March, Jefe de Estado Mayor, respondió al inquilino de la Casa Blanca que ni de broma; que las necesidades de la guerra exigían mirar hacia otro lado. Quizá añadió el General que si habían de morir esos chicos, tal vez daba lo mismo que fuera desangrándose en las trincheras que con los pulmones inundados de sangre por la terrible neumonía.  Así que, por orden de Peyton C. March, Jefe de Estado Mayor de la US Army, los Estados Unidos de Norteamérica decidieron ampliar la fuerza expedicionaria en Europa hasta superar el millón de soldados. Y esto se hizo a sabiendas de que ese millón de combatientes llevaba consigo un virus mas mortífero que cualquier arma. No es impensable que esa decisión se tomase en la creencia doblemente criminal de pensar que el virus sería más nocivo para el enemigo, puesto que los aliados eran superiores en número a las potencias centrales.

–¿Y esto se ha demostrado?

–Plenamente. Se ha investigado y se ha demostrado. Aquel envío masivo de tropas enfermas a Europa por parte de las autoridades de USA fue, con alta probabilidad, no solo una irresponsabilidad criminal, sino probablemente un espantoso delito biológico.

–Bueno. Pues quizá sea cierto, pero pasó hace más de cien años.

–Sí. Pero ocurre que los crímenes contra la Humanidad, como sabes, no prescriben. Si cualquier país de Europa, por ejemplo España, que fue ferozmente desolada por aquella pestilencia, decidiese formalizar una gigantesca reclamación de indemnización a Estados Unidos. pues…

–…pues dudo mucho entonces que EEUU mueva ficha, la verdad.

–Yo también, pero con un psicópata en el 1600 de la Avenida Pensylvania, todo es posible.

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