Le digo a Mercedes que el problema fundamental de nuestro tiempo radica en el núcleo estriado dorsal.
Se ríe y me pide que le explique por qué digo esto.
Muy sencillo. Está demostrado que los seres humanos tenemos un deseo básico de sentirnos bien con nosotros mismos.
–Obvio. Es una manifestación de la llamada homeostasis psicológica.
–Sí. Y eso nos impulsa a buscar y a apreciar en el prójimo los rasgos y actitudes similares a los nuestros, incluso los más vacíos de significado. Se crea o no, si somos un poco calvos, nos caerán algo mejor los calvos que los peludos…
Mercedes se ríe cuando digo esto y me dice que duda que eso esté probado.
Bueno, le respondo, existe algún estudio respetable que demuestra que los que se apellidan Smith tienden a casarse con más frecuencia con las que se apellidan Smith. Parece increíble pero es así. Este curiosísimo fenómeno ha sido analizado y validado como una manifestación del rol del llamado egotismo implícito en las atracciones interpersonales. En concreto lo han tratado científicos como Mathew C. Mirenberg , Brett W. Pelham y Mathew C. Mirenberg de Columbia, State University of New York at Buffalo y la US Military Academy.
–De acuerdo, basta de citas, aceptaremos pulpo como animal de compañía. Pero, ¿a dónde quieres llegar?
-Pues que dada esta recalcitrante propensión a restringir el ámbito de nuestras relaciones a los que son o piensan como nosotros, la eclosión de intercomunicación que se está produciendo en las redes sociales en nuestro tiempo podría estar intensificando el proceso hasta el infinito y acabar dividiendo el mundo en una miríada de compartimentos estancos, radicalizados y, ay, enfrentados entre sí. Entonces, quizá estemos ante el punto de partida de muchas crisis sociales que hasta ahora no podíamos imaginar.
De acuerdo–me dice Mercedes–puedo llegar a pillar lo que dices. Pero ¿qué diablos tiene eso que ver con el núcleo estriado dorsal del cerebro?
–Pues que al parecer esa tendencia a apreciar prioritariamente a los que son como nosotros o piensan igual que nosotros, tiene incluso un lugar propio en el cerebro que consitituye la sede principal de este sesgo.
–¿Ah sí? ¿El nucleo estriado dorsal?
–Exacto. Llegaron a esta conclusión Nigel Blackwood y sus colegas del Instituto de Psiquiatría de Londres y lo publicaron, hace bastantes años, en un estudio titulado “Self Responsibility and Self-Serving Bias, an fMRI Investigation of Causal Attributions”. De modo que el nacionalismo emergente, la xenofobia, el populismo ciego de nuevo cuño, la eclosión de las noticias falsas virales, el apoyo a majaderos como Trump, el florecimiento en las redes sociales de una pléyade de imbéciles–hasta ahora asintomáticos–con su voz y con su voto…todo eso parece tener relación con un recóndito rincón de nuestro cerebro que se muestra más activo que nunca, jaleado por whatsapps, instagram, facebook y demás zarandajas…
–Da que pensar.
–Mucho. Pero intenta que no sea con el nucleo estriado dorsal.

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