Nos envían afectuosos saludos desde Barcelona, que devolvemos con gusto. Las difíciles circunstancias piden eso: muestras de cariño.
Petons, nos mandan desde allí, es decir, besos.
Siempre me ha llamado la atención este vocablo tan poderoso con el que los catalanes se refieren al ósculo. Su sonoridad se me antoja una anomalía frente a la norma en otros idiomas, en los que para denotar el beso se usan vocablos muy dulces, a menudo sibilantes, palabras que se pronuncian casi como un susurro: los kisses de los ingleses, los Kússe de los alemanes, los bisous de los franceses, los musuak de los vascos, los baci de los italianos, los beijos de los portugueses…
Pero en catalán…¡Petons! Por dios, si hasta parece una orden de pararse en seco, como el achtung alemán…
¿De dónde viene este tan enérgico petó catalán?
Si consultas las fuentes filológicas autorizadas te asombrarás. Porque hallarás que los expertos vinculan los petons a las flatulencias intestinales. En otras palabras, te dirán que “petó”, viene de “pet“, pedo. Tal cual.
En el Institut d’Estudis Catalans, leerás que petó, es decir, beso, es, etimológicamente, un derivado afectuoso de pet, que a su vez, según la misma entidad aclara, es la “ventositat expellida per l’anus amb soroll
Muy curioso ¿no es cierto?
En realidad, el prestigioso Institut d’Estudis Catalans , que tan generosamente financia La Caixa, se equivoca. Y es una pena porque la cosa tendría cierta gracia.
El petó catalán viene del occitano pòt, que significa labio y que da, también en occitano, poton y potonejar (beso y besar respectivamente).
Y ¿de dónde viene esta pòt occitano que nos evoca los labios? Pues aquí entramos en otro ámbito muy interesante. Porque casi con toda probabilidad, el pòt occitano se relaciona con el céltico pott, con el significado de labio grueso o…vagina (en inglés tenemos por cierto pod que significa justamente vaina de legumbres, o sea, vagina en latín).
De hecho, en vasco potor (con el mismo origen en ese prerromano pott) sirve todavía para referirse al sexo femenino. Y muy posiblemente el vulgarismo potorro, cuya divulgación debemos a cierto personaje televisivo, se deriva de ese vocablo euskera potor, vulva, genitales de mujer. A mí esto me parece casi indiscutible.
Y no perderé, por supuesto, ni un minuto en evocar la relación obvia entre los labios de la boca y el sexo femenino, por ser algo que no merece a mi juicio ulterior análisis o explicación…
Así que, para ir terminando, etimológicamente hablando, el sonoro petó o potó catalán nos puede llevar o bien a algo como una pedorretas en la cara o bien al sexo femenino, como gustemos. Se le podría sacar punta a esto y conectarlo, qué se yo, con la vinculación freudiana de lo escatológico y lo crematístico, que acaso es particularmente obvia en esa maravillosa cultura ibérica que situa caganets en los belenes o que populariza dichos como ese tan particular que dice “un pet, és l’alegria del pobret“. Sí, señor. Una sonora ventosidad no cuesta nada, y satisface plenamente, tal como acertadamente colige la sabiduría popular catalana. Lo mismo que un beso, después de todo. Acaso este es el verdadero vínculo. La gratuidad.

Un comentario en “L’alegria del pobret.

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