Un amigo mío se refiere a cierto conocido de ambos diciendo que “lleva el dinero en el DNA“.
En realidad, a mí no me gusta nada esa expresión que vincula los ácidos nucleicos a los defectos o virtudes de las personas. De algún modo, es una torpe muletilla de ahorro mental y estigmatización, que me evoca una especie de fatalismo más racial que racional.
Pero es totalmente cierto que esa persona aludida lleva, en cierto modo, el dinero el DNA. Como tú y como yo. Y como cualquier ser humano, por supuesto.
Porque la partícula “rib, que está dentro de la denominación dexorribonucleico, nos lleva directamente a Rockefeller, nada menos.
Y es que fue en el Rockefeller Institute of Biochemistry, o sea, en el RIB, donde se idenitificó la pentosa llamada ribosa o, vulgarmente “azucar rib”. Ese oligosacárido, en una de sus formas cíclicas, viene a ser la desoxirribosa, que forma parte del DNA.
De modo que todos llevamos a Rockefeller en cada célula del cuerpo. El dinero en los genes. Vaya por dios.

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