Con motivo de la ya casi declarada pandemia, parece que se han agotado los termómetros. Es la fiebre de la fiebre.
Y esto no deja de ser curioso porque Febrero, en cierto sentido, es, desde hace miles de años, el mes de la fiebre.
Lo digo porque los romanos dedicaron el último mes del año, nuestro Febrero, al dios etrusco de la muerte, los infiernos y de la fiebre, Februus (del verbo romano februo, purificar, purgar…). Tal vez pensaron que había que cumplir con dicha divinidad funesta, pero mejor hacerlo con el más corto de los meses.
Siendo el último mes del año y el más corto, era el idóneo para añadirle el día extra necesario para que el curso de los años se ajustase mejor al ciclo aparente del sol. Pero también aquí la superstición entró en juego. En lugar de darle a ese día extra una consideración singular se vino a decir que era simplemente un duplicado de otro día del mes, concretamente un duplicado del día sexto antes del comienzo de marzo.
Recordemos que los romanos no se referían a los días del mes mediante cardinales consecutivos, como nosotros. Tan solo se referían a las fechas indicando las jornadas que faltaban respecto a los tres momentos especiales de cada mes, esto es las calendas, (que llegaban cada comienzo del mes), las nonas (más o menos siete días después de las calendas) y los idus (a mediados de cada mes). Siendo esto así, el día 22 de Febrero vendría a ser para ellos el «sexto día antes de las calendas de Marzo». Ese día, por cierto el que conmemoraba la persecución del rey y el nacimiento de la República romana (el Refifugium)
Entonces, cuando Julio César reformó el calendario para añadir el día extra, prefirió mantener el número de días de Febrero en un número par, puesto que se consideraban infaustos los días impares (César era también supersticioso, como nos sugiere la anécdota del vagabundo que le avisó del peligro de los idus de Marzo). De modo que al día 29 de Febrero prefirió denominarle como un simple duplicado del día 22, sin darle carácter propio. Y lo denominó bis sextus, es decir, segundo sextus ante calendas. De aquí bisiesto.
Pero el carácter infausto del bisextus persistió, pese a la artimaña juliana. Y en todos los pueblos de tradición romana subsiste el recelo hacia los años que añaden un día más mes de la fiebre: «año bisiesto, año funesto», se dice en nuestros pueblos, «anno bisesto, anno dissesto», dicen los italianos, es decir, año bisiesto, año inestable.
Así que los supersticiosos tienen aquí (fiebre, funesto, inestable) una cierta justificación para sus temores. Más aún si añadimos el dato no menos curioso de que cierta organización internacional ha declarado el día de hoy como día internacional de las enfermedades raras, y que, mira por dónde, sea hoy también el cumpleaños del actual ocupante del palacio de la Moncloa.

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