Hay algo intrínsecamente superficial en el mundo de internet. Lo digo por el curioso recurso al verbo navegar para definir el uso de la red. Cuando se navega se va por la superficie, claro está. No se entra en profundidades…
–Ya, pero eso es en español. En inglés se dice browsing, que no tiene nada que ver con la náutica.
–Desde luego que no. Pero browsing se deriva del inglés medieval brousen, que a su vez se relaciona con la raíz protoindoeuropea brhreus, que connota la idea de brote o capullo, lo mismo que el francés antiguo broster o el español brotar.
–Así que browsing es coger brotes…
–Exacto. Y en inglés se aplicaba sobre todo al ganado, dicho sea sin animo de ofender a los adictos a peinar la red. Lo cierto es que si te mueves por internet, ya seas inglés o español, tiendes a quedarte en la superficie de las ideas o en los brotes del árbol de la cultura…
–Puede ser.
–Es. Si no fuese así yo seguiría ahora dando más datos al respecto, señalando por ejemplo que Darwin, en el Origen de las Especies (1859), todavía usaba el verbo to browse en el sentido ganadero, al relatar una de sus observaciones en los pastos de Farnham, Surrey, en esforzada búsqueda de pinos silvestres (“…little trees have been perpetually browsed down by cattle”), si bien desde 1800 el uso preferente de to browse es de tipo metafórico y se relaciona con la idea de coger un poco de aquí y un poco de allá de forma un tanto casual, ya sean libros o cualquier otro objeto o entidad. Picotear, en suma. Pero, no. No pienso seguir, escribiendo. Porque las estadísticas demuestran que el 95% de los lectores no habrá pasado del segundo párrafo de este texto. Si acaso.
–Tienes razón. Y es bien sabido que, como dijo Ortega, los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía.
–¡No! Ortega no dijo eso, aunque lo pone todo el mundo en boca suya. He aquí un supremo ejemplo de la superficialidad de la cultura, derivada del abuso de la red y la renuncia a las verdaderas fuentes.
–¿Ah no? ¡Pero si lo han puesto en boca de Ortega miles de veces… ! Incluso desde la tribuna de oradores del Parlamento.
–Pues han hecho mal. Te cuento. En la “Meditación de El Escorial”, dentro de “El Espectador”, Ortega se asombra de la inmensa magnitud del Monasterio. Una magnitud que obliga al espectador a preguntarse por el objeto de tamaño esfuerzo. Se trata de un esfuerzo puro, piensa Ortega, un esfuerzo que encuentra su propio sentido solo en sí mismo. Y esa idea del esfuerzo puro, del esfuerzo por el esfuerzo, la encuentra también Ortega en el Quijote, a partir de las mismas palabras del Caballero de la Triste Figura: “podrán los encantadores quitarme la ventura; pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.
Ortega piensa que Cervantes ya nos da en ese pasaje la pista de que la historia de los españoles es la historia de una nación de esforzados puros. Ahora bien “¿adónde puede llevar el esfuerzo puro?, se pregunta Ortega. “A ninguna parte; mejor dicho, solo a una; a la melancolía”, se responde.
–Bueno. Es más o menos lo mismo que esa cita que todo el mundo usa.
–O no. Porque el esfuerzo por el esfuerzo no es lo mismo que el esfuerzo inútil. Ni mucho menos. Aunque ambos puedan conducirnos a la melancolía. Como a mí me conduce a la melancolía este post tan largo que muy pocos leerán. En cualquier caso, el hecho de que se cite de manera tan errónea a Ortega en tantísimas páginas web, es un ejemplo de lo que empecé indicando más arriba. Pocos han leído a Ortega de verdad. Pocos citan con rigor. Nadie profundiza. Nadie lee las fuentes. Nadie comprueba nada. Todo es puro browsing. ¡Qué melancolía!

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