Desde hace algún tiempo, la actualidad política es, esencialmente, actualidad judicial o actualidad jurídica. Todo son cuestiones y querellas sobre leyes y sentencias.
–Se diría que no hay otra cosa sobre lo que debatir–me comenta un amigo al respecto.
–Lógico–le respondo–porque no hay otra cosa como “la cosa”.
–¿Qué quieres decir?
–Pues que los asuntos judiciales son “la cosa” por excelencia.
–Explícate.
–Ya te habrás imaginado que me estoy refiriendo al origen de las palabras.
–Me lo temía. Es incurable tu obsesión al respecto. Pero, adelante, dime a qué te refieres cuando relacionas el concepto cosa con las togas y los togados.
–Muy sencillo. Y creo que ya te lo he comentado alguna vez. La palabra cosa es una derivación de “causa”. De causa entendida como asunto judicial. La palabra causa, en su acepción de cuestión disputada en tribunales, evoluciona hasta servir como referente de algo indeterminado, tal vez por la inherente dificultad de precisar bien lo que se dirime en los foros.
–Curioso, realmente. Pero me parece que tu tesis está cogida con alfileres; la evolución de “causa” a cosa puede ser algo casual, más que causal, valga la redundancia. Puede ser tan solo una particularidad exclusiva de la evolución del latín hacia las lenguas romances. No creo que se pueda generalizar nada a partir de ahí.
–Cierto–le respondo a mi escéptico interlocutor–pero ocurre que se da el mismo fenómeno en otras lenguas. Por ejemplo el inglés.
–¿Ah sí? ¿me vas a decir que la palabra inglesa “thing” tiene también un origen judicial?
–Exacto. Te interesará saber, por ejemplo, que en el idioma que hablaban los islandeses en el siglo X (una lengua muy vinculada al inglés medieval) la asamblea en la que se debatían asuntos judiciales y de interés público, era denominada el “althing”, con el significado de “foro general” o “foro para todo”.
–¿Y?
–Pues que, en realidad, esa denominación del islandés/antiguo noruego, se debía a que tanto el thing del inglés medieval como el althing de los islandeses, derivan de una misma fuente germánica que relaciona la palabra “thinga” con una asamblea judicial, y por extensión con un asunto jurídico.
Con el tiempo, esta palabra comienza a servir como término para referirse a cualquier asunto o ente en general, no solo en el ámbito jurídico. Es el mismo proceso que lleva del latín causa a cosa en español, o chose en francés.
–Interesante–me dice mi amigo, resignado–pero me viene a la cabeza que en catalán, por ejemplo, cosa se dice res, y no parece tener eso mucha relación con el derecho o los jueces. Eso refuta tu teoría.
–¡En absoluto! La fascinante anomalía del catalán, que para cosa usa res en lugar de un derivado del latín causa, avala de manera ejemplar lo que te acabo de contar.
–Ya estamos…Me lo temía.
–Sí. Porque en el Derecho Romano se usaba también la palabra “res”, cosa, para referirse a los asuntos tratados en el Senado o en los tribunales. Ahí tienes, por ejemplo, la conocida expresión “res judicata”, para referirse a un asunto sobre el que ya no cabe un segundo juicio (non bis in idem). O la palabra república, sin ir más lejos, que como sabes, se deriva de res, cosa, y publica, la cosa de todos, en concreto.
–De acuerdo. Pero me deja un poco perplejo todo esto que me dices. No alcanzo a entender esa vinculación entre la cosa y el derecho, que al parecer es tan esencial. ¿Cuál puede ser la razón?
–Pues–concluyo–no sin una reconfortante sensación de triunfo dialéctico–esto puede deberse a que en la concepción primitiva de las cosas y de las leyes, la definición de cosa era precisamente todo objeto o entidad del mundo exterior susceptible de que en ella recayesen derechos.
–O sea, que si algo no estaba en el mundo jurídico, no era cosa, no existía…
–O sí existía. Existían las obligaciones y los servicios. Pero básicamente se regulaban en referencia a alguna cosa material.
–Un poco como ocurre ahora, vistos los interminables debates sobre leyes, normas y sentencias que inundan en estos tiempos los medios, y que en última instancia son debates sobre cosas, principalmente dinero.
–Pues sí. Eso mismo. Althing.

Un comentario en “La cosa.

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