Tiene gracia que los ganadores de la «lotería nacional», que esta mañana tenía a medio país en vilo, tengan que pagar al fisco un 20% de sus ganancias. Y tiene gracia porque, en definitiva, la «lotería nacional» (en el sentido de monopolio de lotería promovido por el Estado) se inventó en Francia como una forma ingeniosa y efectiva de recaudar muchos impuestos…pero sin que parezca que se recaudan muchos impuestos. Corrían los últimos años de Luis XVI y el insostenible déficit público de decenas de millones de libras no lo había resuelto el tinglado bursátil de la Compañía del Mississipi, que finalmente resultó ser un colosal burbuja. El nuevo monopolio estatal de la suerte alivió algo el problema galo, hasta que en 1793, los jacobinos cancelaron esta insidiosa forma de exprimir y tomar el pelo al personal. Pero es obvio que la ingeniosa artimaña estaba llamada a sobrevivir. Y a convertirse en el símbolo perfecto de la avidez del Estado para hacer que el súbdito pague. Que pague al ganar el dinero con el que comprará el boleto. Que pague al comprar el boleto. Que pague al ganar el premio. Que pague al gastar lo ganado. Que pague siempre.

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