Escuchamos una noticia que habla del astronómico precio de las angulas, en estos días navideños. Más de 1000 euros el kilo.
–¿Y por qué hay tanta obsesión por esas extrañas criaturas vermiformes y repulsivas?–me pregunta Mercedes–¿No habría que analizar esto desde el punto de vista psicoanalítico? ¿Por qué Freud no estudió un poco este extraño ansia de devorar angulas?
Pues sí que lo hizo, le contesto. Freud dedicó grandes esfuerzos a estudiar, desde el punto de vista sexual, a las anguilas, de las que las angulas no son sino el alevín. Llegó a diseccionar,el maestro vienés de la sospecha, un total de 400 anguilas.
–Estás bromeando, claro…
En absoluto. Lo creas o no. Siegmund Freud dedicó varios meses de su vida a las angulas, al objeto de desentrañar el misterio de su sistema de reproducción. Un tema que fue un enigma durante siglos, desde que Aristóteles sostuvo que nacían directamente del barro del fondo de los ríos.
–¿En serio? ¿Y consiguió Freud comprender la vida sexual de las angulas?
–No. Tal vez por eso se dedicó a intentar comprender la vida sexual de los humanos. Quizá con igual resultado.

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