El mero debate sobre si el plátano sujeto con cinta adhesiva que Cattelan colgó en la Art Basel de Miami es o no arte en sí mismo, es grotesco.
Obviamente no es arte. Segurísimo que esa banana en la pared no es lo que la mayoría de las personas entienden por arte.
Sin embargo, también podría ser definido el arte de tal forma que este tipo de cosas pudiese encajar en el campo semántico de la palabra. Por ejemplo, podríamos definir el arte como todo aquello que se expone en la galerías o exposiciones de arte y que es potencialmente adquirido por los compradores de arte.
Pero si aceptamos el relativismo en las definiciones estaremos haciendo difícil la comunicación entre seres humanos. Conviene referirse a las cosas y conceptos mediante el uso de los términos para esas cosas y conceptos que utilizan la mayoría de las personas. Más que nada por razones prácticas.
Así que esta «obra» de Cattelan, puede recibir muchos diversos atributos: genialidad promocional, artefacto de humor, sarcasmo contra un sector de negocio o lo que se quiera. Pero, arte, lo que se dice arte, no parece ser; innecesario decirlo.
Sin embargo, el plátano de Cattelan nos lleva a repensar un tema tan relevante como la definición de arte. Nos suscita el desafío de encontrar una definición que encaje con lo que la gente pueda entender o aceptar como obra artística.
En esto, como en tantos otros ámbitos, podemos echar mano de Wilde, especialmente en lo que dejó dicho en su célebre conferencia ante los estudiantes de arte de la Royal Academy, en 1883.
En esa conferencia, Wilde empezaba por reconocer la dificultad de definir la belleza artística,y se resistía a aislar la noción de belleza en una fórmula que apelase al intelecto. Decía que la definición debería subordinarse a la obra, y no al revés.
Pero seguidamente, Wilde les daba a los estudiantes la pista de lo que podría ser una definición del arte (o más bien la belleza artística) que al mismo tiempo parece inspirada e inclusiva: «…we, on the contrary , seek to materialise it in a form that gives joy to the soul through the senses.«
Es un hallazgo esta idea: el arte da gozo al alma a través de los sentidos.
Esta definición nos permite acomodar en el ámbito artístico una gran variedad de creaciones que la opinión general considera como artísticas.
Aunque también hay que aclarar que el propio Wilde desconfiaba de la opinión general, especialmente en materia de arte. Para Wilde, la popularidad es la corona de laurel que el mundo coloca sobre el arte malo. «Todo lo que es popular es erróneo», decía Wilde.
Así que estamos otra vez con las dudas. Acaso los Cattelanes del mundo, mofándose del concepto popular de arte, están a su vez haciendo algo artístico. Esto lo confirmaría el hecho de que antes de colgar la celebérrima banana, Cattelan había colgado a su marchante (que resisitió heróicamente una horas en la exposición, sujeto a la pared por cintas adhesivas).
Quién sabe. Lo cierto es que el plátano de la Art Basel se ha vendido por una pequeña fortuna. Y eso parece lo único indiscutible en todo este asunto. Lo que nos obliga a evocar esa teoría antropológica según la cual el arte surge entre los homo sapiens como un instrumento para que el artista consiga atención, predominio social e incluso éxito sexual. A lo mejor es eso. A quien le importa el gozo del alma a través de los sentidos cuando se recibe un cheque de 120.000 dólares a cambio de un plátano y un pedazo de cinta adhesiva, y además se recibe la atención y el protagonismo por parte de medio mundo. Eso ha de producir sin duda un gran gozo del alma y un extremo placer sensorial. En el autor.

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