Comento con Marta, volviendo del aeropuerto, el aniversario que se celebra hoy en todo el mundo, dedicado a concienciar sobre la violencia contra la mujer y en recuerdo de las hermanas Mirabal, brutalmente asesinadas por orden del architirano Trujillo (ah qué buen día para recordar que los restos de ese canalla arquetípico se encuentran reposando aquí al lado, en El Pardo, por cortesía de su amigo, cuyos despojos desde hace poco también le acompañan en el pudridero vecino…¡el día menos pensado alguien inspirado escribirá una especie de apéndice a Bobok, con los diálogos entre los dos personajes, de panteón a panteón…!).
Sale a la luz, en nuestra conversación, el dato espeluznante que proporciona la ONU, esto es, que el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo ha sufrido la violencia física ejercida por un compañero sentimental y que de las aproximadamente 100.0000 mujeres que son asesinadas en el planeta cada año, la mitad han sido víctimas de sus parejas masculinas.
Marta me pregunta si este alucinante valor medio no estará algo sesgado por el mayor grado de violencia sobre la mujer en el Tercer Mundo, especialmente en los países islámicos. Pues, tristemente, no. Y ese rotundo no sugiere que el problema es algo más profundo, no necesariamente relacionado con el desarrollo cultural o económico. De hecho, en Estados Unidos, por ejemplo, los datos son parecidos (o incluso peores) a los que da la ONU para el conjunto del mundo. Según los datos ofrecidos por Rachel Louise Snyder en su muy recomendable libro No Visible Bruises, también en ese país al que Trump quiere hacer grande de nuevo, la mitad de las mujeres asesinadas lo son a manos de su pareja. Snyder proporciona un dato escalofriante: entre 2000 y 2006, fallecieron un total de 3.200 soldados norteamericanos en los diversos frentes que el Imperio global tenía (y tiene) abiertos en el mundo. Durante ese mismo período, el total de mujeres asesinadas por sus parejas fue de 10.600…Así que se justifica la afirmación que leemos en el famoso informe de la ONU titulado “50.000 mujeres” en el sentido de que, tal como están las cosas, el lugar más peligroso para una mujer es, precisamente, su hogar.
Y esto solo es la punta del iceberg. Estamos refiriéndo las cifras a la violencia visible, a la contrastable, a la que se puede llevar al Instituto Forense y luego a inhumar o cremar. Pero tambíen está la otra violencia, que es un crimen de dimensiones aún mucho mayores en lo cuantitativo. Es la violencia silenciosa. La violencia sin huellas. La violencia sin marcas. La violencia que, si subsiste, nos acabará convirtiendo a todos en criminales. Sin visible bruises.

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