Me pregunta un amigo por qué dije anteayer que las casualidades son altamente probables.
Pues la razón es porque que, a la larga, todo es sumamente probable.
Todo es sumamente probable, incluidas las casualidades.
Y los milagros.
Se puede razonar este punto con mucha facilidad. Y debemos al gran matemático John E. Littlewood la explicación más sencilla. Se le suele llamar la Ley de Littlewood.
Littlewood definía un milagro como un evento especialmente llamativo que solo ocurre una vez por millón aproximadamente. Seguidamente, este matemático asumía que, durante las horas en las que cada uno de nosotros estamos despiertos y alerta (pongamos que 8 al día) percibimos algo así como un evento diferente por segundo, ya sea un evento normal o un evento excepcional. Entonces, basta hacer unas multiplicaciones para llegar a la conclusión de que cada 35 días percibimos un millón de eventos. Por lo tanto, los milagros deben ser una cosa totalmente habitual: podemos esperar que ocurran una vez al mes, aproximadamente.
No debe sorprendernos, por lo tanto, que un buen día nos crucemos en la calle con esa persona a la que no veíamos desde hace tiempo, en el mismo instante en que, sin saber por qué, estábamos pensando en ella. Ni que a alguien le toquen dos veces seguidas un premio gordo de la lotería. Ni que, como nos ha ocurrido a nosotros, Marta y yo hayamos sido elegidos en estos comicios para estar como vocales en la misma mesa electoral de nuestra población (probabilidad de 1/2400, aproximadamente).
Oímos a veces esa expresión según la cual “las casualidades no existen“. Se suele utilizar el dicho para expresar la realidad de lo sobrenatural, o sea, la existencia de alguna fuerza supramundana que sería la responsable de la ocurrencia de eventos altamente improbables. Y que, al fin y al cabo…todo pasa por “algo”.
En verdad es cierto que “las casualidades no existen“, pero no hay nada misterioso en ello. Y, de hecho, siendo así que podemos esperar un milagro al mes, más o menos, no es de extrañar que, por ejemplo, ocurran milagros en cualquier sitio, incluido el santuario de Lourdes, pongamos por caso. Allí, la Iglesia Católica ha reconocido la veracidad de tan solo 70 milagros en 161 años (el último en 2013).
Si lo miras bien, es mucho menos de lo que podía esperarse de acuerdo con la Ley de Littlewood.

3 comentarios en “Ley de Littlewood

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