Le aclaro a Mercedes que hoy día 1, no es el día de difuntos (palabra que curiosamente está casi en desuso por razones que algún día me atreveré a intentar explicar), pese a ser el día en el que se acude masivamente a los cementerios.
Técnicamente, prosigo, estamos en la víspera del día de difuntos, que es mañana, 2 de Noviembre.
Al hilo de esta aclaración, Mercedes me pregunta por la palabra luto. ¡Cuánto me gusta que me pregunten por el origen de las palabras! ¡Cuánto lo agradezco!
Le explico que, curiosamente, en sentido etimológico, significa hipo.
Así es. Luto viene del verbo latino lugere, relacionado con la idea de padecer pena o melancolía. Es el mismo verbo vinculado a luctuoso o a lúgubre. Pero el lugere latino proviene de un verbo griego, λυζω, que significa tener hipo (con este sentido lo encontramos en Aristóteles, por ejemplo. A su vez, el λυζω griego se relaciona con la raíz indoeuropea sluk, que connota la idea de sorber o tragar.
Como quiera que cuando alguien llora desconsoladamente no es raro que le asalten suspiros o incluso ataques de hipo, ese verbo griego λυζω acabó por usarse para referirse a los gemidos de quien padece una pena insufrible y sin consuelo. Y con ese significado pasó al latín lugere. Y, por cierto, que en castellano tenemos la palabra “hipido” que suele usarse tanto para representar el sonido gutural que emite el borracho como el sollozo entrecortado de alguien que pena.
–Interesante. Y otra cosa. ¿Por qué tenemos esa imagen de las mujeres en los pueblos vestidas de negro, guardando rigurosamente el luto? ¿Por qué no tenemos una imagen equivalente de hombres guardando el luto?
Esa sí que es una buena pregunta. Esa asimetría de género en la tradición del luto tiene relación con el origen de la costumbre en la Antigua Roma. Por entonces, se obligaba a las viudas a guardar luto, al objeto de significar visiblemente que no estaban disponibles para nuevos encuentros con hombres. Y esto se hacía por una sencilla razón: había que garantizar que el hijo que podría venir, una vez muerto el padre, perteneciera, sin la menor duda, a la familia de ese difunto. Esa y no otra es la razón por la que las mujeres romanas debían guardar el luto durante 10 meses lunares exactamente (los 280 días del tiempo medio de gestación), con la obligación de vestir de un feo y simbólico negro y abstenerse de participar en la vida social. Vivir virtualmente recluidas durante el período de una hipotética gestación iniciada justo antes de la muerte del cónyuge.
–¿Por eso el luto ha sido históricamente casi una costumbre femenina?
–Sí.
–Muy fuerte.

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