Nos ha tocado a Marta y a mí estar juntos en una mesa electoral. Ya es casualidad. Pero es bien sabido que las llamadas casualidades son altamente probables. Solo es que atraen más nuestra atención. Algún día tendré que escribir sobre esta aparente paradoja.
En relación con el día de las elecciones, Marta me pide que le explique en dos palabras en qué consiste exactamente la dichosa Ley D’Hondt de la que tanto se habla cuando empiezan a salir las urnas de los almacenes.
Pues es algo relativamente sencillo. Tan sencillo que no lo tuvo que inventar un matemático, sino un jurista. Concretamente Victor D’Hondt, profesor de Derecho Civil en la Universidad de Gante. Si algo lo inventa un jurista no puede ser demasiado complicado, dicho esto sin desmerecer a ciertas excepciones…
Se pidió a D’Hondt que concibiese algún tipo de sencillo algoritmo (y un algoritmo no es más que un truco práctico que se aplica sistemáticamente), para que el reparto de escaños pudiese primar a los partidos grandes sobre los pequeños, al objeto de facilitar la gobernación. Y que pudiese aplicarse con facilidad a cualquier circunscripción, fuera cual fuese su número de votantes.
La estrategia que siguió D’Hondt fue simple. Si había que primar el “diferencial” de un partido con respecto al inmediatamente inferior, bastaría con articular un algoritmo de reparto que tuviese en cuenta esas diferencias. Para ello, se le ocurrió la idea de asociar a cada partido, un conjunto de tantos partidos imaginarios como escaños estuviesen en juego. El primero de esos partidos imaginarios tendría los votos reales del partido al que se asocia, el segundo partido imaginario, la mitad, el tercero la tercera parte. Y así hasta completar por para cada partido real tantos partidos imaginarios como el número de escaños a repartir. Cuando se han determinado todos los “partidos imaginarios”, basta con ordenarlos de mayor a menor, asignar escaños según ese orden y darle a cada partido los escaños obtenidos por sus “imaginarios”,
–Me estoy perdiendo un poco. O mas bien mucho.
–Supongamos que cada partido concurrente tiene cinco partidos asociados y hay que repartir entre ellos cuatro escaños. Entonces, comenzamos por dividir los votos de cada partido por 1, por 2, por 3, y por 4. Hecho esto, nos bastaría ordenar de mayor a menor todos los “partidos imaginarios” e ir asignando los escaños según ese orden. Esto es la regla D’Hondt.
-Ya. Lo pillo. Pero me parece un poco lioso.
-No tanto. Basta crear una tabla. En la primera columna ponemos los nombres de los partidos y sus votos. En la primera fila los divisores que tenemos que aplicar a esos votos (1, 2, 3, 4). Rellenas las casillas y ya tienes los valores.
Lo importante de D’Hondt es que no solo tiene en cuenta la jerarquía de partidos según su puesto en la obtención de votos (primero, segundo, tercero…) sino también las diferencias que se hayan producido entre el primero y el segundo, entre el segundo y el tercero, etc..Si un partido es muy pequeño, sus “partidos imaginarios” asociados (las casillas de la tabla), serán insignificantes, por ello, al realizar la ordenación final, quedarán todos en la cola, sin posibilidades de aportar escaño al partido real asociado. En cambio, si un partido es muy grande con respecto a los que le siguen, también lo serán sus “partidos imaginarios” (sus casillas), por lo que tendrá una gran prima en el reparto.
–O sea, que con esa dichosa regla se penaliza a los votantes minoritarios. Es un poco como eso de la canción de Abba: the winner takes it all
–Pues sí. Y en esencia, the loser has to fall…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s