Mercedes me dice que escribo demasiado y demasiado a menudo sobre “temas religiosos”, historia sagrada, biblia y todo eso…”

Puede ser. Es evidente que para las nuevas generaciones lo que podríamos llamar cultura “cristiana” no tiene ya el mismo protagonismo que antaño. No se si esto es bueno o no. Pero lo que si es cierto es que toda nuestra cultura (y nuestra forma de pensar) sigue estando profundamente influida por la tradición cristiana y sus componentes.

Mercedes me lo discute. Así que le planteo un desafío. Le digo que le voy a mencionar un conjunto de lugares comunes lingüísticos (que no son sino el trasunto de nuestros lugares comunes mentales) y que ella solo tiene que decirme cuál de esos lugares comunes no proviene directamente de los evangelios canónicos cristianos. He aquí mi lista.

Muchos los llamados y pocos los elegidos. Reconocer el árbol por sus frutos. Un ciego guiando a otro ciego. Poner los cimientos en arena. Dar al César lo que es del César. Verlo para creerlo. Predicar en el desierto. A buen entendedor…Haz lo que dicen, no lo que hacen. ¡Hombre de poca fé! Separar el grano de la cizaña. Poner la otra mejilla. El beso de Judas. Cada día tiene su afán. Lavarse las manos. La ley está hecha para el hombre y no el hombre para la ley. Llorar como una Madalena. Quien no está con nosotros está contra nosotros. Quien tenga oídos que oiga. Arrojar la primera piedra. Los últimos serán los primeros. Sacudirse el polvo de los zapatos. La sal de la tierra. Sepulcros blanqueados. ¡Vade retro! La verdad os hará libres (deformado por los nazis sustituyendo verdad por “trabajo”). La voz que clama en el desierto.Sembrar cizaña. El que a hierro mata…No se puede servir a dos amos. Que los muertos entierren a sus muertos. Pan bendito. Arrojar perlas (no margaritas, por favor) a los puercos. Quien se eleva será humillado, quien se humilla será elevado…

Y seguro que me dejo bastantes más lugares comunes que solo se entienden bien si se conoce su contexto en los evangelios.

No veo a Mercedes muy convencida con mi perorata en favor del mejor conocimiento de la llamada Historia Sagrada.

Pero es que nadie es profeta en su tierra. 

Lo que también es un lugar común de los evangelios, claro.

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