Gandhi, cuyo aniversario festejamos, decía que si la ley del Talión, esto es, el ojo por el ojo, fuese seguida por todo el mundo, conseguiríamos que todo el mundo acabase ciego.

Esto es uno de los muchos errores de Gandhi, tal vez un personaje algo sobrevalorado. “Ojo por ojo”, especialmente en el tiempo en que se enunció esa ley, es una medida civilizada y ponderada, muy alejada de la barbarie vengativa.

Y no hay razones para pensar que el principio de reciprocidad genere esa especie de reacción en cadena de la que hablaba el Mahatma, quien por otro lado, más allá de sus méritos, no dejó de decir insensateces a lo largo de toda su vida, como por ejemplo, defender la sociedad de castas, creer en la superioridad de la raza aria/indostánica, o renegar continuamente de la civilización occidental y de la ciencia médica y sus avances. Proponía curar la diabetes con hierbas.

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