De repente, estamos rodeados. Rodeados de influencers…

Son personajes que al parecer determinan valores, pautas de consumo, criterios generales…

Están sustituyendo a la publicidad convencional. O en todo caso están fusionándose con ella.

¿Es algo inocuo esta extraña ubicuidad de personajes que no parecen tener (salvo excepciones) otra virtud que una inexplicable capacidad para atraer la atención y el seguimiento de multitudes?

Evidentemente, no. No es inocuo este estallido de modelos no ejemplares. 

Porque la influencia del influencer es, por decirlo así, irracional. De modo que la cultura de los influencers es también la cultura de la irracionalidad. Los criterios y los valores que ellos establecen no tienen otro fundamento que ser los suyos propios. Y por ello mismo no pueden ponerse en cuestión ni refutarse. Tienen followers en sus redes sociales como los profetas tenían fanáticos tras de sí. Y, salvo excepciones, son tan farsantes como los falsos profetas de siempre.

Hasta la palabra influencia nos da la pista del desastre que se avecina con esta eclosión de los irrelevantes conduciendo a las masas. Porque influencia es palabra originalmente astrológica (como lo es desastre, o revolución, o sideral, o ángulo, o tantas otras). 

La “influence”, en la jerga de los astrólogos y ocultistas provenzales era la emanación que provenía de las estrellas e influía en el carácter y el destino del individuo. 

Obviamente, pensaban los astrólogos, si los astros determinaban la vida, debería existir algún vehículo que canalizase esa determinación. Así que pensaron en que tendría que existir algo así como una sustancia vaporosa y fluida que permitiese a Marte, Jupiter o el planeta que fuera, influir sobre la persona.

ALa deleznable cultura de los influencers es puro ocultismo, en cierto modo. Lleva en sí misma un aviso de un nuevo peligro global, y revela que, de alguna manera, estamos recreando una especie de nueva Edad Media, volviendo a aquellos tiempos en los que la educación, la cultura y los valores se basaban tan solo en la lectura de las colecciones de exempla. Pero esos ingenuos exempla eran mucho más edificantes que lo que cuentan en sus vídeos los influencers al uso, me parece a mí.

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