En un almuerzo de este viernes, donde me senté a la mesa con gente mucho más autorizada que yo, se habló de actualidad y de política, como no podía ser de otro modo. 

Uno de los comensales se asombra del error de última hora de uno de estos «líderes» que venimos sufriendo, quien, después de mantenerse en sus trece durante meses, tiene la ocurrencia de modificar in extremis su postura y se muestra de repente más receptivo para apoyar un posible nuevo gobierno. 

Ese cambio de posición inoportuno (en el sentido más preciso de la palabra inoportuno) le costará muy caro en el futuro a ese líder y a su formación, nos dice el bien informado comensal…

Yo intervengo para subrayar que esas meteduras de pata de última hora son lo que en el mundo del ajedrez se conoce como síndrome de Kotov (en honor del gran pedagogo ruso del noble juego, en la foto), a saber, esa tendencia que todos tenemos de andar dándole vueltas a las decisiones sin saber que hacer y, finalmente, cuando ya se nos ha acabado el tiempo para actuar, ponernos nerviosos y apresuradamente «jugar la mala», cometiendo un error de bulto decisivo.

Un poco más avanzado el almuerzo, ya en los postres, otro comensal señala que conviene reflexionar sobre el hecho de que en la vida política actual da la impresión de que los datos escandalosos sobre los líderes se conservan cuidadosamente en secreto para ser utilizados justo en el momento mas oportuno. Cita como ejemplo el caso de una destacada autoridad autonómica cleptómana cuya ominosa grabación en vídeo fue conservada sigilosamente durante diez años hasta salir a la luz en el momento óptimo…

Me permito replicar para indicar que esa noción de la oportunidad en el chantaje también puede ser vista desde una perspectiva ajedrecística, y la podríamos llamar «Principio de Nimzowitsch«, pues fue este genial maestro letón quien nos enseñó algo importantísimo, a saber, que la amenaza es siempre más poderosa que la ejecución de la amenaza…

Este Principio de Nimzowitsch, al igual que el Síndrome de Kotov, se cumple siempre en la guerra limpia del tablero, metáfora de la vida.

Y, al parecer, tanto el uno como el otro también se cumplen en la feroz guerra sucia de la política.

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