Marta, que como casi toda su generación (menos mal) es activista y muy beligerante respecto al cambio climático, me pregunta si le puedo explicar, con sencillez, y no como siempre–»enrollándome«–una cuestión relativa al llamado efecto invernadero de los gases que emite la actividad industrial y ganadera, como el anhidrido carbónico, el monóxido de nitrógeno o el metano. En particular, ella no entiende bien por qué esos gases «dejan pasar» el calor del sol, pero no permiten que ese calor retorne al espacio. Le parece algo incomprensible.

La explicación es simple. Hay que empezar diciendo que el sol no emite exactamente calor, sino que emite radiación. Radiación en diferentes longitudes de onda, no solo la que podemos ver con nuestros ojos (lumínica) sino también radiación infrarroja que no nos es dado percibir con esos mismos ojos por estar fuera del espectro que percibimos los humanos.  

La radiación lumínica solar se convierte en calor propiamente solo cuando choca con alguna materia y estimula a los electrones que forman parte de sus átomos, haciendo que estos pasen a un estado cuántico de excitación vibratoria. Ese estado de excitación es propiamente el origen del calor, pues implica la emisión de radiación infrarroja, que es la que nos hace sentir el aumento de temperatura.

Así es: lo que nos calienta no es propiamente la luz solar que veos, por extraño que pueda parecer sino el «reflejo» que no vemos de esa luz en la superficie de la tierra (o en la de nuestro cuerpo, o en la atmósfera…) en forma de infrarrojos.

Pues bien, los gases «invernadero» como el CO2, son totalmente transparentes para la radiación lumínica que emite el sol (por fortuna, porque si no adiós a los días soleados). Sin embargo, esos mismos gases son opacos para la radiación infrarroja (de hecho, son los que impiden también la llegada de una buena parte de la radiación infrarroja que el sol va emitiendo, pero eso se compensa con el efecto térmico de la radiación luminosa que sí dejan pasar, tal como acabo de comentar).

Por lo tanto, en cierto modo, los gases invernadero actúan como una válvula: dejan pasar radiación lúminica que acaba produciendo calor, pero no dejan que ese calor, en forma de radiación infrarroja escape a la atmósfera. Debemos a este efecto válvula la vida en la Tierra, que de otro modo sería un mundo de hielo. El problema es que al actividad humana está rompiendo el equilibrio con la emisión de muchos más gases que en los siglos pasados.

En realidad, el efecto invernadero de los gases, es muy simple de comprender pensando justamente en…los invernaderos.

Los plásticos que cubren la superficie de un invernadero son translúcidos, todos lo sabemos. Es decir, dejan pasar buena parte la luz solar ,que acaba convirtiéndose en calor por el mecanismo físico arriba explicado, pero esos mismos plásticos impiden en buena medida que el calor escape.

Veo que me mira Marta pensativa. Me parece que no le ha parecido muy tediosa esta vez mi explicación, que acaso no es muy rigurosa científicamente, pero inteligible.

Pues me alegro. Porque para combatir al enemigo, lo primero que hay que hacer es intentar comprenderlo.

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