Mi amigo se queja de la situación política actual, y en particular de la debilidad de aquel movimiento esperanzador que nació en aquel lejano 15M y que encara ahora con tristes perspectivas la insidiosa nueva convocatoria electoral. 

En este país–me dice, mi amigo–un buen día surge un líder joven, razonablemente dotado y extraordinariamente preparado y no se tarda nada en crucificarlo, simplemente por comprarse un chalet. Es infame.»

Tal vez–le concedo (aunque yo desconfío de todo aquel que empieza diciendo «en este país«, como si él conociese en profundidad la totalidad de las sociedades del mundo y las hubiese cotejado). 

Pero–añado–conviene que recuerdes que a Danton, ya sabes, alias L’Incorruptible, la prensa le pilló en un restaurante muy caro de París, zampándose un menú de 100 libras, con perdiz trufada de segundo plato. Y lo gracioso es que no ocultaba Danton esos exquisitos y caros gustos culinarios, sino que se vanagloriaba de ellos, tal como hacía también su aliado Desmoulins.

Pero esa perdiz trufada que se zampó Dantón fue el primer paso que condujo al radical lider revolucionario a aquella guillotina que él mismo había promovido…Y a su compañero de escaño y festines Desmoulins, claro.

En tiempos de crisis, no hay que subestimar nunca la exigencia popular de una frugalidad ejemplar y el riesgo de ser arrollado por el impulso de un rigor moral exacerbado y no exento de cierta hipocresía.

En «este país» y en cualquier otro.

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