En 1960, cuando en los Estados Unidos arreciaban los temores a un apocalipsis derivado de un conflicto atómico, un famoso abogado, Roger Fisher, sugirió una buena alternativa al sistema de códigos secretos que llevaba (y sigue llevando) en un maletín un oficial que está siempre al lado del Presidente. Se refería al sistema de códigos que una vez conocidos permiten presionar el botón que desencadena el ataque nuclear al enemigo.

Fisher sugirió que esos códigos se implantasen quirúrgicamente junto al corazón del Presidente.

De ese modo, explicaba Fisher, cuando el Presidente tuviese la certeza de que presionar el botón era algo indispensable para proteger a los millones de habitantes del país, solo haría falta el cuchillo de un carnicero para poder lanzar los misiles destructores.

El abogado Fisher informó que cuando propuso esta solución a sus amigos del Pentágono, le dijeron, no se sabe si con ingenuidad o con sarcasmo: “Oh, Roger, eso es una idea terriblemente mala…¡el Presidente nunca presionaría el botón!”

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