El populista lo tiene fácil para conseguir el poder. Le suele bastar mentir, prometer y erigirse en portavoz del “pueblo”, frente al odiado establishment, culpable indiscutible de toda opresión sobre “la gente” (ojo, siempre “establishment” o “casta”, nunca élite, pues a menudo el populista proviene de las élites, ya sean económicas, sociales o intelectuales…)

Eso sí, para mantenerse en la parcela de poder conquistada, el populista lo tiene algo más difícil. Debe preservar la ficción de que no pertenece a la casta o al establishment. Y eso le obliga a tener una presencia pública continuada, con un discurso de permanente campaña electoral, y con un lenguaje muy popular, incluso vulgar. El epítome de esto es Trump, por supuesto, que se pasa el día tuiteando majaderías. O Salvini, que no vive sino para hacerse ridículos selfies en todas partes, especialmente en las playas, y preferiblemente con el torso desnudo. Ambos siguen estrictamente y con aprovechamiento las reglas del buen populista. Los dos consiguen estar siempre en primer plano. Y provocando.

Al rebufo del 15M, en España, un grupo de intelectuales supo conquistar eficazmente una no poco importante parcela de poder, siguiendo para ello al dedillo las directrices de Laclau, el lamentable teórico del populismo de izquierdas. Pero este grupo no ha sabido después cumplir con las obligaciones de todo populista. Ha descuidado la obligación de mantenerse en permanente campaña electoral, sin concesiones. Y para colmo, sus líderes han tenido gestos y actitudes que los han asimilado a la misma casta a la que denostaron para lograr su porción de poder. En cuanto a su lenguaje y forma de comunicar, tampoco se puede decir que haya encajado mucho con el modelo de vulgar populista de éxito que hoy representan tan bien los canallas brutales como Orbán, Trump o el propio Salvini. Craso error.

Laclau describió muy bien los pasos para acercarse al poder utilizando la bazofia del populismo como instrumento. Pero me parece que se olvidó de explicar cómo mantenerse en el poder o en su proximidad una vez el poder se conquista.

Le faltó a Laclau escribir el segundo volumen de La Razón Populista, que bien podría haberse titulado, La Práctica Populista.

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