Vuelvo a casa con un compañero de pedalada dominical y este me dice que se extraña de que haya tantos libros por todas partes. ¿No te cansas de leer? 

Le respondo remitiéndole a un párrafo del prólogo general de Relox de Príncipes, obra sublime que descuella entre las favoritas de mi caótica biblioteca. 

El texto es un buen ejemplo del delicioso castellano de Fray Antonio de Guevara. Y sirve de apropiada justificación a mi manía por acumular volúmenes sin cuento:

“Todas las cosas esta vida después de gustadas y poseídas, empalagan, hartan y cansan, si no es la verdadera ciencia, la qual, ni harta, ni empalaga, ni cansa; y si por caso parece que alguna vez fatiga, serán los ojos que se cansan de leer, mas no el espíritu de sentir y gustar. Muchos señores y familiares amigos me dicen y riñen que cómo es possible que aya de vivir con tanto estudiar, a los quales yo respondo que cómo es possible que ellos puedan vivir con tanto holgar; porque, considerados los sobresaltos de la carne, los peligros del mundo, las tentaciones del demonio, las assechanças de los enemigos, las importunidades de los amigos, ¿qué corazón podrá sufrir tantos y tan continuos trabajos si no es leyendo y consolándose con los libros?”

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