Paseo con Marta y Mao por la espléndida fresneda que está apenas a unos pasos de nuestra casa y que es una preciada rareza, pues estos fresnos de hoja angustifolia no suelen encontrarse a más de 900 metros de altura, como es el caso de nuestro bosque vecino. 

Marta me dice que el la palabra fresno le parece sonora y bonita. Y me pregunta si le puedo decir su origen…¿Tendrá algo que ver con las frescas sombras de estos árboles amables?

Evidentemente no, le contesto, mientras Mao se acerca a un alcornoque centenario.

Fresno, etimológicamente, está relacionado con la idea de bloquear. Viene del griego φραξειν, fraxein, que significa justamente eso, bloquear. Y de hecho, el término taxonómico que se usa para definir este árbol es precisamente fraxinus, derivado de ese verbo griego.

–¿Bloquear? ¿Qué tiene que ver un fresno con la idea de bloqueo?

–Pues porque el fresno necesita buena tierra y mucha agua. Por eso es.

–Sigo sin pillarlo.

–Lo explico. Los antiguos agricultores griegos y romanos, como los de ahora, elegían para definir sus áreas de cultivo las mejores tierras, con agua abundante. ¿Estamos de acuerdo?

–Sí, claro.

–Pues ocurre que el fresno necesita enclaves como esos que elegían y eligen los agricultores, es decir, buena tierra y cierta cantidad de humedad y agua, incluso en verano. Pero como no se permitía que ocupasen la superficie cultivada, los fresnos, por decirlo así, elegían los bordes de los cultivos, que además era por donde discurrían las acequias..

–¡El lugar perfecto para ellos!

–Exacto. Y esto implicaba (e implica) que las hileras de fresnos acabasen siendo también los límites de cada terreno de cultivo. Y es fácil ver que la idea de bloqueo y la de límite están vinculadas.

–Es decir, fresno es el árbol que bloquea el paso de un cultivo a otro, y que sirve de límite. Porque sabe colocarse exactamente en el lugar apropiado.

–Exacto. 

–Inteligentes, los fresnos.

–Hay más inteligencia en los árboles que en muchos seres humanos…

–Va a ser que sí.

-Y generosidad. Pues los fresnos, en su variedad fraxinus orno, ofrecen una savia comestible que ha permitido crear todo un sector económico en algunas zonas del Mediterráneo, como en Sicilia. Esa blanca savia es sin duda el maná biblico, que a veces, cuando el viento sopla fuerte, parece caer del cielo, como rocío nutritivo (ya hablaba de esto Plinio el Viejo). Pero esa es otra historia que ya le corresponderá a otro paseo con Mao…

A Marta le parece bien dejar el asunto del maná para más adelante. Y seguimos caminando los tres por la fresneda, en el plácido atardecer de la canícula, cuando el calor ya parece haber renunciado un poco a su tiranía, se avecina tormenta, y a mí me viene a la cabeza, vagamente, aquel verso de Virgilio en las Bucólicas: fraxinus in silvis pulcherrima…El mismo que Garcilaso tradujo diciendo que  “el fresno por la selva en hermosura / sabemos ya que sobre todos vaya

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