Uno de los diputados elegidos en los últimos comicios españoles resulta ser un mandamás cesante de una colosal multinacional de refrescos.

Por su condición de parlamentario, y en aras de la transparencia, nos ha sido dado conocer su patrimonio personal, que asciende, mira por dónde, a medio centenar de millones de euros y cuyo origen parece estar, principalmente en los abultados salarios que le abonaba la empresa de bebidas.

Esto ha producido cierto escándalo.

Comento el tema con Mercedes, que también trabaja en una multinacional. Y me dice que, después de todo, si la empresa decide pagarle esas cantidades, no podemos rechistar. Tal vez se lo ha ganado.

Puede ser. Pero también es verdad que cada uno de esos descomunales salarios que cobran los agresivos ejecutivos de las grandes corporaciones es una señal de alarma en el sentido de que algo funciona mal en un sistema que parece incrementar sin pausa la desigualdad social, hasta estos límites absurdos.

Por otra parte, está el asunto de si esos salarios, disparatados o no, son en verdad merecidos, técnicamente hablando. Es sabido que quienes deciden los destinos de las corporaciones no siempre actúan conforme a los genuinos intereses de sus accionistas. Y a menudo tienden a inflar las retribuciones, ante la obligada (o cómplice) pasividad de las entidades propietarias, que a su vez están gestionadas por otros directivos igualmente sobrevalorados. Como consecuencia, no siempre un gran salario está relacionado con un gran desempeño.

Tomemos por ejemplo, ya que estamos, el caso concreto de este ya famoso ex-ejecutivo de altos vuelos que ha dado el ágil salto desde Atlanta hasta la Carrera de San Jerónimo.

Su incorporación como Chief Marketing Officer de la “real thing” tuvo lugar en 2015. Su primer año de ejecutoria completa fue el 2016, y en ese año, los ingresos de la multinacional descendieron en un 5,49%. Su segundo año fue el 2017, y en ese segundo año los ingresos volvieron a descender, pero esta vez nada menos que un 14,41%, lo nunca visto en la chispa de la vida.

Y la cosa pintaba muy mal en 2017, la verdad.

Quizá aquel panorama negro tuvo algo que ver con la salida del agresivo ejecutivo en Mayo de ese año de 2017. De hecho, en 2017 se confirmaron las oscuras perspectivas para la marca de refrescos, y los ingresos volvieron a derrumbarse; un 10,04% concretamente.

Es decir, de forma aproximada, la gestión del flamante Vicepresidente Mundial de Marketing coincidió con una catastrófica caída de las ventas de los refrescos, que pasaron de 41 mil millones de dólares cuando se incorporó el personaje, a 35 mil millones de dólares cuando, siguiendo acaso una discreta sugerencia, hizo mutis por el foro. Un desastre sin precedentes quedaba en su haber.

Estas cifras parecen sugerir, le digo a Mercedes, que no solo algo anda mal en el sistema como un todo, que es cada vez más injusto y desigual, sino que a lo peor hay que desconfiar de la capacidad de las corporaciones para ajustar las retribuciones de sus directivos a su verdadera contribución al resultado.

Por cierto, en el momento actual, cuando el personaje que nos ocupa ya está sentado en el Congreso y ya nada queda de aquellas grandes campañas de marketing y publicidad que antaño promovía, la multinacional de los refrescos ha vuelto ya a los beneficios.

Se espera un 5% de mejora para este año de 2019. Curioso.

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