El biólogo Thomas Heams nos habla de la “infravida”, es decir, los virus, las ultramicrobacterias, las protocélulas, los priones…Es esa extraña fauna que se columpia en la frontera entre la vida propiamente dicha y la pura materia inerte. En algunos casos, como los virus, esa infravida muestra una extraña capacidad para incorporar información genética y evolucionar, de forma similar a los entes vivos. Y lo hace aún careciendo del metabolismo propio y autonomía que nos caracteriza a los vivientes.

Pero lo fascinante es que todos esos seres “infrabiológicos” parecen ser esenciales para la vida propiamente dicha. 

No hay vida celular sin virus”, nos enseña la moderna Biología. No hay vida sin infravida.

Y esto quizá también se aplica a la Sociología. Al igual que la existencia de las criaturas está bajo los auspicios de un incansable proceso de hibridación, intercambio e interdependencia, las sociedades tal vez se suicidan cuando enloquecen y deciden bloquear esa hibridación, ese intercambio y esa interdependencia. 

Es una misma lección que nos enseña tanto la Historia como la Biología. Deberíamos repasarla a menudo. Sobre todo en estos tiempos.

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