¿Por qué la expresión “se la tenía guardada” se refiere siempre y exclusivamente al deseo de venganza? ¿Por qué eso que se tiene tan “guardado” siempre es algo dañino? y ¿Por qué nunca se tiene “guardado” un favor o un propósito de benévola reciprocidad?

Habría que saber por qué el poder del rencor es mayor que el poder de la gratitud. Habría que saber por qué la ofensa que se nos ha inferido perdura, mientras que el favor que se nos ha otorgado se olvida. 

Y habría que saber por qué, a menudo, quien ha recibido un favor, no solo no lo devuelve, sino que pasa factura por él.

¡Ah, Humanidad…!

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