Se supone que cada vez amamos y respetamos más a los animales. Pero el caso es que nuestro lenguaje por el momento, sigue reflejando otra cosa. Porque, cuando necesitamos insultar o vituperar al prójimo, en supremo ejemplo de antropocentrismo, preferimos recurrir a epítetos de origen zoológico. Llamamos burro al tonto, víbora al traidor, rata al bellaco, cerdo al inmoral y cabeza de chorlito al que es poco o nada avezado en el arte de la supervivencia, dado que el chorlito o pluvialis es ave con tan poco seso que hace sus nidos a ras de suelo, exponiéndolos a los depredadores. 

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