Como dijo Einstein…”, veo que escribe un plumífero ignaro, en uno de los incontables panfletos digitales que saturan de ruido informativo la red, eso de que “…la estupidez humana es infinita”. Ya no sigo leyendo.

El muy indocumentado recoge, parcialmente, la frase que en su forma algo más ingeniosa se suele atribuir al padre de la Teoría de la Relatividad:

 “Hay dos cosas que son infinitas, el Universo y la estupidez humana; y no estoy muy seguro respecto al Universo”.

Por supuesto que esto no consta que lo haya pronunciado nunca Einstein. El carácter apócrifo se puede sospechar, con tan solo conocer un poco la personalidad del gran físico, que encaja mal con este sarcasmo despreciativo respecto al género humano.

Quizá solo hace falta un poco más de cultura general para saber que la visión cosmológica de Einstein hace referencia a un universo espacialmente finito. Así lo expuso en su famosa conferencia “Geometría y Expansión” de 1921, en la Academia de Ciencias.

En realidad, la observación sobre la infinitud de la estulticia del ser humano y su comparación sarcástica con la ausencia aparente de límites en el universo observable, parece tener variados antecedentes.

Por ejemplo, en el Grand Dictionnaire Universel de Larousse, en su edición de 1867, se atribuye a Alejandro Dumas hijo esta frase: “Une chose qui m’humilie profondément est de voir que le génie humain a des limites, quand la bêtise humaine n’en a pas”. No indica Larousse en qué lugar escribió o dijo eso el autor de la Dama de las Cameilias, pero hay que darle el crédito que merece a la prestigiosa enciclopedia gala.

Por mi parte, lo que yo puedo añadir a estos antecedentes es la frase del Eclesiastés que, en el capítulo I, versículo 15 de su versión latina nos dice: “Stultorum infinitus est numerus”.  Esta idea la recogió también Petrarca casi literalmente en uno de los versos del poema Trionfo del Tempo: “Infinita é la schiera degli sciochi” (Trionfo del Tempo, v. 84). 

Lo curioso es que también Galileo se abonó a la teoría de la infinitud de los tontos. En Il Saggiatori, le recuerda al destinatario de su misiva, Monseñor Cesarini, que “…infinita è la turba degli sciochi”.

Digo curioso porque con Galileo se hace un tanto circular este post. En cierto modo, Galileo fue el verdadero descubridor de la Relatividad. Al menos en lo que respecta a la relatividad del espacio. Tuvo la genial intuición de comprender que no existe un movimiento absoluto. Estaba convencido de que en relación con los fenómenos físicos observables, el movimiento es irrelevante. Y esa fue la convicción que sirvió axiomáticamente a Einstein para explorar la otra posibie relatividad, la del Tiempo, sin la cual la relatividad del Espacio conduciría a absurdos. 

Pero esto ya es otra historia. Este post se le debe estar haciendo interminable al paciente lector. Al escribirlo, solo pretendía yo indicar que la cantidad de majaderos en el mundo puede que no sea infinita. Pero lo que es infinito, sin duda, es el número de frases apócrifas e indebidamente usadas que circulan por la red.

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