Me llega anoche un vídeo de esos “virales”, en el que se ve a alguien insertando algo así como unos carnets de identidad, que va sacando de un mazo, en los escaños de los parlamentarios. El texto que acompaña al vídeo nos aclara que se trata de alguien fichando por los diputados ausentes, a fin de que cobren sus dietas. “¡Es indignante!”, se nos dice. Y se nos anima con el consabido “pásalo” a divulgar tamaño testimonio de desverguenza por parte de nuestros parlamentarios.

En realidad, bastan unos segundos para sospechar que el vídeo no es lo que se dice que es. Y es fácil comprobar que no está grabado en nuestro parlamento, sino en el muy turbulento de Ucrania, hace ya bastantes años. Quien me lo ha enviado, como quizá tantos otros, no se ha tomado la molestia de verificar lo que sin más se ha permitido transmitirme inmediatamente.

Y es así como las falsas noticias se van construyendo.

Es muy triste, pero en general, tendemos a creer a pies juntillas aquello que confirma nuestros arraigados perjuicios (prejuicios que con la creencia adicional se arraigan un poco más).

Solo consultamos medios o fuentes que nos son afines.

Solo escuchamos a quienes nos dicen lo que nos gusta oir…

Y así, a rítmo de tuits y mensajes en redes, vamos radicalizándonos cada vez más, cegándonos, haciéndonos sectarios, y levantando muros de incomprensión cada vez más altos entre nosotros.

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