Cuando era muy niño, recuerdo haber escuchado en la iglesia aquella parábola del samaritano. “Esta parábola nos muestra”, decía el cura, “cómo hemos de comportarnos con el prójimo”.

Años después he leído ese pasaje bíblico. Y me parece que indica todo lo contrario de lo que el clérigo decía. Lo que nos sugiere es más bien que somos nosotros quiénes decidimos quién es prójimo. No quienes consentimos que otros lo decidan por nosotros.

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