Quedo con un amigo para salir en bicicleta en la fría mañana del domingo. 

A las 7:30, le digo por teléfono.

Pero ¡si a esa hora no están ni puestas las calles!, me replica.

Esto de que las calles no están puestas hasta que amanece lo he oído a menudo. 

Es una broma común. Una cosa dicharachera y simpática.

Pero broma y todo, encierra una idea muy artística.

En efecto, uno puede preguntarse dónde van las cosas durante la noche.

Porque, en cierto modo, la noche disuelve en la nada a las cosas.

Y es la luz del amanecer la que va dibujando, lentamente, cada contorno, delicadamente añadiendo matices a las formas, devolviendo a la realidad cada sustancia, cada objeto.

Virgilio ya intuyó este poder regenerador del alba. Y también lo encontramos en alguna de las barrocas páginas de Herman Bloch. Remo Bodei lo ha evocado.

¿Donde van las cosas cada noche? A un limbo. 

Se quedan esperando, para que el amanecer las rescate y las devuelva a la realidad.

Es cierto. A esas horas de la madrugada, las calles no están puestas.

Un comentario en “Las cosas en la noche.

  1. Me encanta tu entrada, yo también soy de las que emplea mucho esa frase…
    Pero en mi caso, como no puedo dormir, es cuando realmente disfruto de las calles, aunque sea desde una veterana, de esos gatos que deambulan en la noche sin rumbo por esas vacías calles que, para muchos no están puestas y como dices, al alba se empiezan a dibujar.
    Un abrazo⚘

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