tumblr_nrbwrslJNU1s1dopxo1_500.jpg

“Dejando aparte las personas (es decir, la familia, incluyendo en ella a Mao, los amigos, los seres humanos en general…) ¿qué es lo que más aprecio en el mundo?”–me pregunta, Marta mientras cenamos unos deliciosos huevos estrellados que he aprendido a preparar estos días. “¿Y qué es lo que más detesto?”.
Pues lo que más amo son mis libros. Esos cinco o seis mil volúmenes que ya cubren cada rincón de la casa.
¿Y lo que más odio?. Pues lo que más odio son mis libros. Esos cinco o seis mil volúmenes que ya cubren cada rincón de la casa.
¿Cómo puede ser?
Amo a mi biblioteca porque la he ido construyendo pacientemente a lo largo de los años. En esos volúmenes están (o deben estar) muchas de las certezas y las dudas que me apasionan, el alimento interminable de mi hambriento espíritu, el placer inmenso de la ficción, la fantasía y el pensamiento.
Pero odio también a mis libros porque se que muchos de ellos, acaso la mayoría, no los terminaré de leer jamás. Y entonces son un permanente recuerdo que proclama, desde cada pared de mi hogar, día y noche, mi finitud, mi destino inexorable hacia la extinción personal. Una extinción que tendrá lugar sin haber podido disfrutar de tanta idea, de tanta palabra, de tanta emoción…
A veces pienso, en medio de estos negros sentimientos, que entiendo bien la enigmática frase de Marco Aurelio al comienzo del libro II de las Meditaciones donde nos dice expresamente que renunciemos a los libros por lo mucho que nos distraen (“afos ta biblia, meketi spo”). Esa extraña frase contra los libros, pronunciada por un hombre tan culto y sabio como el Emperador, se entiende mejor si se tiene en cuenta que está dicha en el contexto de un bello y profundo pasaje. Marco Aurelio empieza diciendo que, en realidad, cada uno de nosotros solo es el conjunto de tres cosas: cuerpo (sarkía), espíritu (neumation) y voluntad (hegemonicón). Pero, nos dice, Marco Aurelio, ni el cuerpo ni el espíritu valen mucho. El cuerpo solo es fango y el espíritu solo es viento. Queda pues solo la voluntad, la capacidad para dominarse a uno mismo y aceptar, estoicamente y sin temor, el destino y el futuro.
Afos ta biblia…acaso Marco Aurelio tenía razón. Esos libros son solo papel que algún día volará en el viento. Aire que volverá al aire, y que y nos distrae del cultivo y perfeccionamiento de la voluntad.
Afos ta biblia…Tengo razones para seguir el consejo. Pero tango también razones para no hacerlo. Y, bien pensado, ese pensamiento de Marco Aurelio está, justamente, en uno de esos libros que son mi croce y también mi delizia.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s