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No hay mucha gente la que se sienta con ánimos de hacer frente, intelectualmente hablando, a la Teoría de la Relatividad, de la que hoy volverá a hablarse porque es el centenario de su presentación oficial y definitiva. Y sin embargo, no es algo que solo esté al alcance de colosos intelectuales. Muy al contrario. Para entender la Teoría de la Relatividad solo hay que tener conocimientos de matemáticas muy básicas (yo diría que solo álgebra elemental y un poco de geometría plana). Eso sí, hace falta bastante paciencia y un cierto grado de entusiasmo. Hay libros que son excelentes a estos efectos. Uno de ellos es el de Brian Cox (“Why E=mc2). Otro sería el de David Mermin (It’s About Time).
Pero si hay poca gente con ganas de hincarle el diente a la Teoría de la Relatividad, aún hay menos que puedan decir en qué medida los hallazgos de Einstein influyen en nuestras vidas. Einstein se ha quedado como un simple icono pop universal, cuya aportación a la comprensión de nuestra vida cotidiana pasa desapercibida. Una lástima.
Hablo de esto con Mercedes mientras conduzco al atardecer por Madrid en busca de un aparcamiento en la zona de estacionamiento regulado. Cuando lo encuentro, utilizo una aplicación de mi móvil para abonar “on line” el parking. Esto me da una ocasión óptima para mostrar un ejemplo muy claro que permite describir el impacto de lo que descubrió Einstein.
Las ecuaciones de la Relatividad Especial nos dicen que a causa del movimiento velocísimo de los satélites de geolocalización respecto a nosotros, los relojes de esos ingenios nos indicarán una hora que se irá retrasando con respecto a la nuestra. Aproximadamente 1 microsegundo cada 4 horas. Por otro lado, por las ecuaciones de la Relatividad General, sabemos que esos satélites, que se encuentran lejos de la Tierra, se ven menos afectados que nosotros por la gravedad de nuestro planeta. Por ello, sus relojes irán, debido a este factor, algo más rápidos que los nuestros, aproximadamente unos 2 microsegundos por hora. Contando todo, Einstein nos descubre que los satélites que permiten funcionar a nuestros GPS (o a nuestros smartphones dotados de geolocalización), se van adelantando algo así como 45 millonésimas de segundo al día. Puede parecer poco, pero no lo es. Porque las velocidades de los satélites GPS son tan grandes, que un simple error de algunos nanosegundos provocaría una desviación  muy significativa. Y sería una desviación que se iría acumulando cada día. De hecho, esos 2 microsegundos por hora de desviación relativística, si no los tuviésemos en cuenta, harían que en un solo día, el error de localización fuese nada menos que de 10 kms. Y en dos días, 20 kms.
Termino de contarle esto a Mercedes mientras consigo aparcar el coche, previo pago con mi smartphone, y haciendo uso por tanto de la Teoría de la Relatividad de Einstein, en una callejuela del centro de Madrid. El sol ya casi se ha puesto, y esto me da pie para decir que Einstein también nos aclaró que nuestra trayectoria elíptica en torno al astro rey no se debe propiamente a una fuerza de atracción solar que nos hace girar, sino que en realidad es más bien una carácteristica del espacio que rodea a una gran masa como la del sol. La Tierra se desvía de su trayectoria recta justamente porque la forma del espacio en torno al sol le obliga a hacerlo. No por otra cosa. Gira y gira porque no hay otro camino posible.
Mercedes se queja y dice que esto le parece incomprensible. No se lo discuto. Seguimos caminando en silencio por una calle de un barrio que tiene el apropiado nombre de las Maravillas.

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