Blake-William-Jacobs-Ladder

Vuelvo a pensar, ahora que le veo durmiendo a mi lado, mientras escribo, en los sueños de Mao.
Intuyo, como escribí el otro día, que sus sueños no son visuales ni narrativos. No han de ser sueños como los que tenemos los humanos.
Pienso que en su sueño, no debe haber apenas imágenes ni historias, sino solo olores, muchos olores. Olores mezclados, diferentes, inexplicables…Olores que surgen de cualquier sitio, que se transforman, que deleitan o que asustan.
En los sueños humanos me parece que apenas hay olores. Acaso es porque la evolución ha preferido reducir el peso del olfato en nuestra relación con el mundo, a cambio de dotarnos de una visión tridimensional perfecta que, junto con la maravilla de nuestras manos, permitía a nuestros antepasados escoger las bayas de los arbustos, distinguiendo bien las maduras (rojas) de las inmaduras (verdes), e incluso de las que presentaban algún color extraño que sugería peligro (azul).
Pero los perros no necesitan escoger bayas o frutos del bosque. Necesitan sobre todo olfatear el olor a carne y otros alimentos. Por eso, para ellos, lo que no tiene olor no existe. Es ficticio. Esa es la razón de que no presten mucha atención a las pantallas de televisión. No es que no entiendan las figuras que en ellas aparecen. Es que saben que son irreales e irrelevantes (y en eso ganan a mucha gente de nuestra especie).
Esta Weltanschauung olfativa de Mao necesariamente tiene que producir otros efectos. Por ejemplo, pienso que debe estar relacionada con una específica percepción del tiempo y la causalidad en su cerebro. Si el mundo está hecho esencialmente de olores, la noción del tiempo ha de ser totalmente diferente. El paso del tiempo canino estaría relacionado como mucho con las variaciones en esos olores. Pero en esa concepción aromática del tiempo, el presente nunca se diferenciará nítidamente del futuro y del pasado. Será un continuum. Y, envuelto en ese continuum temporal, el perro no buscará, como nosotros, las relaciones de unas cosas con otras. El mundo para Mao será un simple océano proteico de olores que van mezclándose, transformándose, dejando suavemente el paso unos a otros…Un mundo sin tiempo ni causas ni efectos.
En la China imperial, se usó durante muchos siglos un reloj de incienso, al que se llamaba hsiang yin (sello de aroma). Los misioneros jesuitas nunca entendieron su funcionamiento y pensaban que era simplemente un incensario. Su funcionamiento, ahora lo sabemos, era maravilloso. La ceniza, al caer sobre una superficie, iba revelando diferentes figuras. Y esas figuras eran la indicación del transcurso del tiempo.
Pero, medir el tiempo con el aroma del incienso no es lo mismo que medirlo con unas agujas conectadas a un ingenio mecánico. Ni siquiera es comparable con el paso del agua en la clepsidra. El tiempo de los hsiang yin era un tiempo en presente continuado. El aroma no desaparecía del todo nunca, simplemente iba evolucionando, dejando diferentes-y hermosas-huellas de ceniza. No había en los hsiang yin esa dicotomía, ese fatalismo binario de lo que es y lo que ya no es. Y que por tanto ya nunca volverá a ser. El aroma del incienso se expande, permanece, se sucede a sí mismo. Subsiste.
Quizá el tiempo de Mao y el tiempo del hsiang yin sean más ciertos que nuestro tiempo. Tal vez la sabiduría no sea otra cosa sino percibir que el presente, el pasado y el futuro son en realidad la misma cosa. Tal vez la verdadera Iluminación no sea sino alcanzar la suprema intuición de ver (o mas bien oler) que todo es y seguirá siendo uno, hoy, ayer, mañana, aquí y en el último rincón del Universo.
William Blake ya lo intuyó: “If the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, Infinite…I see the Past, Present, and Future existing all at once. Before me. O Divine Spirit” sustain me on thy wings.” Sí, Blake sabía que el mundo podría llegar a verse en un grano de arena y la eternidad en una hora…
Proust también comprendió un día, y escribió una obra maestra a partir de ese hallazgo, que acaso existe ese continuum temporal.
Pero lo interesante es que descubrió esa verdad a partir del simple olor y sabor de una madalena mojada en una infusión de tila.
A Mao, y a la sabiduría ancestral china, esa verdad ya les consta. Sin necesidad de madalenas.

2 comentarios en “El Olor del Tiempo Perdido.

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