Marta me dice que me debe gustar la bandera croata, puesto que incluye un tablero de ajedrez. Le respondo que no. Primeramente porque no me gusta ninguna bandera. Y mucho menos la sahovnica croata, que no me evoca el juego rey sino cosas y sucesos históricos bastante más tristes. Además, ese tablero reducido no tiene mucho que ver con el ajedrez, tal como explican los expertos en escudos de armas y heráldica. No hay que hacer caso de esa fábula croata que habla de un cierto territorio ganado en una partida por un sabio rey croata. Tanto ese rey croata como esa decisiva partida son un elemento más de la mitología nacionalista y de la necesidad de inventar fantasías históricas para dar combustible narrativo a la locura nacional. Las leyendas sobre disputas territoriales dirimidas sobre el tablero son una constante del folklore medieval y las encontramos desde Bagdad a Sevilla o Toledo.

Es verdad, por otra parte, que el ajedrez es popular en Croacia. Pero lo es mucho menos que en las vecinas Republicas de la antigua Yugoslavia que siempre estuvo en cabeza del ajedrez mundial, casi a la altura de los rusos. El genial Pirc era esloveno. Lo mismo que Vidmar o Bruno Parma. Y la pléyade de grandes ajedrecistas serbios es llamativa. Desde Ivkov a Gligoric, pasando por Ljubojevic o Matanovic.

En honor del ajedrez croata solo podemos mencionar al vehemente Trifunovic, a Kasparov, que tiene pasaporte croata, al gran compositor de problemas Petrovic, y sobre todo, al hecho de que, por lo visto, las mejores piezas de ajedrez jamás creadas son las del llamado diseño Dubrovnik, una variante del Staunton promovida por Tito de cara a las olimpiadas de ajedrez que en 1950 se celebraron en Ragusa y tuvieron a Yugoslavia como ganadora. 

Las piezas «Dubrovnik» carecían de las evocaciones monárquicas o religiosas del ajedrez europeo clásico (rey, reina, obispo…). También, los alfiles se coronaron con una bolita de color opuesto al suyo, por los visto para evitar la confusión con los proletarios peones…

A mi no me gusta nada el ajedrez «Dubrovnik», pero Fischer decía que era el mejor de los diseños y el que mas favorecía el análisis. Y Fischer tiene mas autoridad que yo en este tema.

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